La educación musulmana, iniciada en los tiempos del Profeta en La Meca, fue irradiada en lo fundamental desde la institución de la mezquita y tuvo como contenido la sari´a o ley islámica, cuyo aprendizaje era un "deber de suficiencia" para la comunidad islámica. La más alta distinción en el Islam era alcanzar el "saber" -al´ilm- o conocimiento de la ley revelada. La memoria era una cualidad tan ponderada en esta enseñanza que su ideal, el título de hafiz, se concedía a quien aprendiese el Corán de memoria.
La instrucción religiosa fue uno de los elementos que garantizaron la supervivencia de la civilización islámica. Un ciudadano de cultura media podía ejercer una función consultiva en el interior de la comunidad, dirigir las oraciones y practicar el mandato coránico. Con el tiempo, la instrucción religiosa se fue diferenciando de la educación propiamente dicha.
El primer siglo de la Hégira, dedicado a la conquista militar y al establecimiento de la autoridad política del Islam, no produjo un desarrollo significativo de la educación islámica. Pero a partir del siglo II -en que se extendió la mezquita como institución de enseñanza en los territorios ocupados- y sobre todo del III -en que una generación de juristas, teólogos y lingüistas se afanaban por preservar la lengua y las tradiciones de una civilización que se había extendido por muy diversos espacios culturales-, la educación pasó a primer plano.
Durante los siglos III y IV, en los que la mezquita fungía como una virtual universidad pública, centro de culto y reunión social, aparecieron la institución del colegio o escuela elemental (kultab) y las "casas de sabiduría" o "de ciencia", dedicadas exclusivamente a actividades académicas. En el siglo V aparece la escuela superior o madrasa, patrocinada por el estado, que fue desde entonces el rector de la enseñanza en el mundo musulmán. Hacia el siglo IX era indispensable egresar de una madrasa para ocupar un puesto gubernamental.
No sólo la adquisición del saber -que es el modo de discernimiento entre lo prohibido y lo loable-, sino su transmisión, deviene en el Islam una obligación religiosa que lo convierte en antecedente histórico del esfuerzo por la democratización de la enseñanza. "La sociedad islámica repudia al álim(sabio) que evita trasmitir su sabiduría a los demás".
El Islam ha defendido la libertad de pensamiento, y reconocido los límites de la razón. Ella no puede cuestionar ni la unidad divina ni la veracidad del mensaje de Mahoma. Desde su punto de vista la razón puede ser innata -cuando es un don divino- y adquirida -cuando es resultado del esfuerzo individual y la experiencia-. De lo más valioso en el Islam es su reconocimiento de la naturaleza práctica del pensamiento y la educación, evidenciada en una tradición atribuida al Profeta: "Adquirid toda la sabiduría que podáis! Pero Dios no os compensará (todo lo que hayáis aprendido) hasta que traduzcáis vuestro saber en obras!".